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Entrevista OPS IBERIA. Nº 20
Enero 2004

Ricardo De Lorenzo,
Presidente y Fundador de la Asociación Española de
Derecho Sanitario |
"Hay
una mayor sensibilidad social hacia la protección de la
Salud, entendida ésta como un derecho exigible y
reclamable juridicamente"
No se puede hablar de las cuestiones
relacionadas con el Derecho Sanitario, la Salud y su
protección, ni de los médicos y pacientes, sin contar con
Ricardo De Lorenzo, inspirador del moderno Derecho Sanitario
en nuestro país, en cuyo entorno se ha desarrollado lo que
hoy es una auténtica especialidad dentro del mundo del
Derecho y de la Medicina.
Presidente y fundador de la Asociación
Española de Derecho Sanitario, su labor ha traspasado
fronteras tras impulsar la creación de asociaciones en
infinidad de países del ámbito iberoamericano, siendo
reconocido por esta labor con The
Maimonides Award, una de las distinciones de mayor
prestigio a nivel internacional. Sus trabajos y dedicación le
han llevado a su ingreso, siendo jurista, en la Real Academia
Nacional de Medicina como Académico
Correspondiente Honorario.
Como excelente comunicador, el mensaje de
Ricardo De Lorenzo llegó con facilidad al ámbito sanitario
en una época en la que eran una excepción los juristas que
aparecían en los medios especializados, siendo muy habituales
sus conferencias y artículos de opinión. En la docencia,
junto al bagaje de más de veinte libros publicados sobre
Derecho Sanitario, ha jugado un papel clave al dirigir -junto
con el magistrado Luís Martínez Calcerrada- el Tratado
de Derecho Sanitario más amplio que existe en lengua
española.
¿Qué es básicamente la Asociación
Española de Derecho Sanitario?
Ante todo, es el resultado de la ilusión
de unos profesionales convencidos de que la Salud no es sólo
Medicina y de que alcanzarla como objetivo no es sólo un
derecho; por eso es necesario que esté compuesta por
médicos, aunque sea de Derecho, y por juristas, aunque sea
Sanitario.
¿Cuáles son sus fines principales?
Nuestros fines, que por otra parte son
también nuestras señas de identidad, no se reducen al
Derecho Médico, ni siquiera a la expresión o al campo más
comprensivo del Derecho Sanitario, sino que giran alrededor de
la idea de Salud como aglutinante de toda una serie de
objetivos que abarcan actividades que, o bien estaban
dispersas, o bien tienden a desgajarse con sustantividad
propia, aunque no obstante, hay una íntima relación. Por
eso, entre nuestros asociados no hay sólo juristas, o
médicos y juristas, sino farmacéuticos o economistas, entre
otros.
Todo esto tiene, desde luego, una doble
vertiente. Se trata, por un lado, de promover, estimular,
difundir y mejorar todo lo estrictamente sanitario, desde un
punto de vista jurídico (cabría decir el bien jurídico
salud estrictamente considerado); y por otro, estudiar
también el comportamiento de otras normas, en principio no
sanitarias, cuando entran en contacto con lo sanitario. Y, por
último, nuestra vocación de estudio y de progreso no está
reñida, sino que se contempla con la realidad y la
actualidad.
¿No es muy difícil integrar tantos
intereses encontrados?
No, si consideramos que éste es nuestro
objetivo fundamental. Hay que integrar todos los puntos de
vista y dar cauce adecuado para la composición de los
intereses concurrentes, todos legítimos. Mi idea es que el
problema es ante todo, pero no sólo, profesional por lo que
hay que ir matizando la proposición contraria que sería un
problema de Tribunales y, además, de Tribunales Penales. De
ahí que sepamos cuántas reclamaciones se producen, pero no
por qué se producen; que hay juicios, pero que no tengamos
otra alternativa; que muchas denuncias son infundadas, pero
que no las podamos evitar; que discutamos eternamente
cuantías, pero que seamos a menudo incapaces de tener
criterios seguros para determinarlas. La solución pasa
entonces por educar, valga la expresión, al paciente y al
médico, por reducir los procesos de manera que sólo llegue
al juez lo que tiene que llegar y por proporcionar una dosis
muy elevada de seguridad jurídica en materia indemnizatoria.
A esto no se puede llegar con la situación actual de
desconexión entre los sectores implicados, sino que es
necesario integrarlos, crear organismos capaces de dar
respuestas y dotarles de competencias suficientes. A mi modo
de ver, como ya he adelantado, el primer paso debe darse desde
las organizaciones profesionales.
"La
Asociación Española de Derecho Sanitario es el
resultado de la ilusión de unos profesionales
convencidos de que la Salud no es sólo Medicina"
¿Puede explicar qué significa, en este
contexto, educar a jueces y médicos?
Es necesario tanto que los médicos
conozcan las implicaciones jurídicas del ejercicio
profesional como que abogados, jueces y fiscales comprendan
las circunstancias en las que el ejercicio profesional se
desenvuelve. Por ejemplo, el médico debe conocer la
trascendencia jurídica que se puede derivar de la correcta o
incorrecta información al paciente, y jueces y fiscales
deberán comprender cómo se debe tomar una decisión en
momentos, como el caso de una cesárea urgente. No se trata de
llegar a un acuerdo como algunos han podido pensar, si no de
comprender recíprocamente informaciones, novedades, y avances
técnicos y jurídicos.
Muchos profesionales creen que el aumento
de las demandas se debe, en parte, a la presión de los
abogados ¿Qué opinión le merece?
Creo que el fenómeno ha sido el inverso.
Es decir, no hay más demandas porque existan más abogados
dedicados a este tema, sino que hay más abogados dedicados a
este tema porque hay más posibles demandas. En definitiva, se
trata de una mayor sensibilidad social hacia la protección de
la Salud, entendida ésta como derecho exigible y reclamable
jurídicamente desde la promulgación de la Constitución y
más adelante por el desarrollo constitucional, por la Ley
General de Sanidad y por la Ley de Autonomía de los
Pacientes, con el influjo de la Ley de Consumidores.
Debemos ser conscientes que, en líneas muy
generales, la Medicina ha pasado de magia a ciencia y de arte
a técnica. Las curaciones espectaculares son el fruto, ya, de
un conjunto de conocimientos sometido a sistema, y la
relación entre el médico y el paciente no descansa tanto en
la confianza de la habilidad del médico, sino en su
experiencia y capacidad de trabajo, que desarrolla además en
un medio más tecnificado y especializado, dominado por
estructuras, públicas, semipúblicas o privadas, en las que
la relación médico-paciente es cada vez menos directa para
encuadrarse en diversos ámbitos organizativos (Sanidad
Pública, sistema de la Seguridad Social, aseguradoras
privadas del riesgo de enfermedad, consultorios y hospitales
privados ... ). Desde el punto de vista del paciente, esta
evolución se traduce en el paso de la concepción de la Salud
como suerte a la Salud como derecho, lo que implica un
sustancial cambio de actitud, desde una situación de
sometimiento y resignación a otra de mayor exigencia de
calidad de prestaciones asistenciales que, por otro lado, no
puede ya, no sólo solicitar, sino exigir, como antes decía.
Paralelamente, la consideración jurídica
de la responsabilidad ha evolucionado desde posiciones como
las de Marañón, que estimaba "disparate fundamental y
totalmente inaceptable" la exigencia de responsabilidad
al médico, hasta su entera sujeción a normas legales de
mayor complejidad cada vez (se han regulado la
experimentación y ensayos clínicos, los trasplantes y la
investigación genética, con normas específicas sobre
responsabilidad).
¿Cuál es el grado de madurez de la
sociedad española respecto a estos asuntos?
Creo que todavía no es el ideal y que
incluso se están produciendo hechos preocupantes e incluso
peligrosos, como la tendencia generalizada de cosificar la
Salud o de la nueva concepción de la medicina como bien de
consumo. Debemos esforzarnos para hacer ver a la sociedad que
nada es inocuo cuando se hace uso de la Medicina. Al mismo
tiempo, debemos adoptar una posición frente a quienes incitan
claramente a este consumo ofertando servicios sanitarios de la
misma forma que se ofertan otros servicios en el mercado, es
decir, mediante campañas publicitarias que recogen
descuentos. Ahora más que nunca es necesario fomentar el
debate social, educar a la persona en el concepto sanitario e
impulsar el desarrollo del Derecho en su consideración de
todos los aspectos vinculados a la Salud.
¿Es cierto que siguen aumentando las
demandas? ¿A qué achaca el espectacular aumento de las
cuantías de las indemnizaciones?
De acuerdo con los datos de los que
dispongo, resulta posible deducir que las denuncias
representan una diezmillonésima parte sobre el total de los
actos médicos producidos, lo que es indicativo de una
asistencia facultativa de gran calidad. Este dato puede
completarse con el hecho de que el 94,60% de las denuncias se
producen en relación con la asistencia sanitaria en
Instituciones Públicas, singularmente de la Seguridad Social,
frente a sólo un 5,40% del total relativas a la asistencia de
carácter privado.
El escasísimo número de denuncias en
relación con el total de los actos médicos tiene sin embargo
la contrapartida de su extraordinaria publicidad, aún en
asuntos en los que las reclamaciones no prosperen
judicialmente pero sí dañen irreversiblemente el buen nombre
del médico implicado y en general del colectivo, situación
que considero no deseable desde ningún punto de vista.
En cuanto al aumento de las cuantías de
las indemnizaciones, esto se debe a una multiplicidad de
causas. Es conocida la espiral responsabilidad-seguro
responsabilidad, pero creo que las indemnizaciones seguirán
creciendo sin seguro por las mayores facilidades por el éxito
de las demandas, a que antes aludía, por la más acusada
exigencia de protección de la salud, por la ausencia de
criterios seguros y de estudio sobre la valoración del daño
corporal...
"El
ejercicio de la Medicina se desarrolla en un ambiente
cada vez mas tecnificado, que impide el tradicional
clima de confianza médico-paciente"
En definitiva, ¿cuál es la causa, en su
opinión, de las reclamaciones judiciales?
Antes que nada, quiero precisar que el
aumento de las reclamaciones por responsabilidad profesional
médica no significa que nuestra salud esté peor atendida, ni
siquiera que el ejercicio de la Medicina y especialmente de la
Cirugía deba ser considerado como una actividad de riesgo
generalizado. La Medicina y la Cirugía han progresado
admirablemente en los últimos años, pero sus recursos siguen
siendo limitados y no se puede esperar milagros cotidianos, ni
sospechar que cuando la curación no se produce ha existido un
fallo humano generador de responsabilidad.
Además, el ejercicio de la Medicina se
desarrolla en un ambiente cada vez más tecnificado y
especializado, en el que la figura del médico se difumina de
cierta manera en su integración en grandes estructuras
públicas o empresariales que impiden que entre médico y
paciente se cree el clima de confianza en que tradicionalmente
se ha desarrollado la relación. Quizás sea esta pérdida de
calidad en la relación médico-enfermo, unida a la
producción de un accidente inesperado, la causa principal de
las reclamaciones judiciales, malas para los médicos, a
quienes causan graves perjuicios en su carrera profesional, y
malas para los pacientes porque pueden provocar inhibiciones
en casos críticos. Es preciso, por ello, tratar de atajar las
causas del conflicto para que la Medicina siga siendo una
profesión atractiva para los jóvenes y un factor de
tranquilidad para nosotros, para el paciente y para las
familias.
¿Cómo ve usted la solución?
Tan indeseable es que reclamar contra el
médico se considere en sí mismo inadmisible como ver en cada
fracaso sanitario una negligencia profesional. Por eso se
trata de devolver a la relación médico-paciente el
protagonismo que nunca debió perder en el ejercicio de la
Medicina por encima de la creación de grandes equipos
médicos; dotar a esa relación médico-paciente de las bases
que le permitan recuperar el principio de confianza que nunca
debió perder, haciendo que el paciente no sea un mero número
de beneficiario en la Seguridad Social ni el médico un simple
componente de una organización impersonal.
La nueva relación médico-paciente está
basada en la igualdad entre ellos, en el señorío del
paciente sobre su propia salud y su propio cuerpo y en la
comunicación, en la información y en el consentimiento
recíprocos entre médico y paciente, propugnando la libertad
de elección del paciente, por un lado, y la libertad de
prescripción del médico, por otro. Si la relación y la
información fluida entre médico y paciente es conocida como
un factor de disminución de reclamaciones, sobre todo de las
infundadas, también lo es el evitar que toda discrepancia se
convierta en un litigio judicial, procurando vías
alternativas de solución de los conflictos. En definitiva, lo
que tiene de indeseable el incremento de las reclamaciones
debe solucionarse procurando el intercambio de puntos de vista
entre ellos y, permítaseme decirlo, también contando con los
juristas porque, por mucho que se diga que vivamos de los
pleitos, no se han inventado unos profesionales mejores para
evitarlos.
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