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ASOCIACIÓN PERUANA DE DERECHO SANITARIO |
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DOCUMENTOS, PUBLICACIONES, TRABAJOS,... DERECHO
GENÉTICO
Las informaciones sobre la manipulación genética, las técnicas de clonación y las intervenciones con embriones humanos han desplegado en los últimos años reacciones sociales dispares y debates, públicos y científicos, continuos. Afortunadamente, hechos ya conocidos o como los que se reseñan a seguido animan a retomar obras importantes todavía frescas, "Derecho Genético" entre ellas, para cristalizarlas en versiones actualizadas. En febrero de 1997, Ian Willmut y colaboradores del Instituto Roslin de Edimburgo anunciaron el nacimiento por clonación de la archifamosa oveja Dolly, en colaboración con PPK Therapeutic; llevaron a cabo transferencias de 277 núcleos de células mamarias a otros tantos ovocitos desnucleados de una oveja de la misma raza, de las que se malograron 276 intentos, en su mayoría por malformaciones, abortos o tumores de causa genética. En noviembre de 1998, el equipo de James Thomson (Universidad de Wisconsin) publicó en Science que han cultivado células o blastómeros de preembriones humanos de pocos días abortados u originados por fecundación in vitro (FIV) para obtener células troncales con capacidad de diferenciación en otros tipos de células o tejidos. A principios de 2000, el Gobierno del Reino Unido encargó al grupo de expertos dirigido por Liam Donaldson un informe sobre la creación de embriones humanos por clonación con fines de investigación terapéutica; cuatro meses más tarde manifestó su intención a autorizar la técnica bajo el control de la Autoridad de Embriología Humana y la Comisión de Genética Humana, poniendo énfasis en los beneficios que reportará y en la prohibición de la clonación reproductiva (el 19 de diciembre de 2000 la Cámara de los Comunes aprobó una enmienda en este sentido a la ley de 1990 sobre fertilización artificial y embriología, por amplia mayoría). El 24 de agosto pasado el Gobierno de EE.UU. dio a conocer que sólo las empresas privadas podrán utilizar embriones desechados de la FIV para obtener células troncales, aunque las facilitarán a las instituciones públicas para su uso. El 7 de setiembre el Parlamento Europeo aprueba una Resolución (con 237 votos a favor, 230 en contra y 43 abstenciones) donde se recomienda prohibir la clonación de embriones con fines terapéuticos, y que la UE no subvencione estas prácticas dentro del Quinto Programa Marco de Investigación, por ser un camino sin retorno que atenta contra la dignidad humana. (Conviene aclarar que la clonación celular verdadera abre enormes y esperanzadoras expectativas de protección de la salud. Se logra por la transferencia del núcleo de una célula diferenciada somática a un ovocito previamente desnucleado, a un ovocito al que se privó de pronúcleo o a un cigoto al que se retiraron sus cromosomas. La célula creada por clonación no es un cigoto, así que tiene su propio estatuto biológico, y, en las actuaciones de que sea objeto, sus estatutos bioético y jurídico; consecuentemente ha de tener un nombre, así que la he llamado nuclóvulo. Debidamente estimulado, el nuclóvulo también puede segmentarse por mitosis y dar lugar a un preembrión de dos células o blastómeros, después de varias células, a un conglomerado de células en forma de mora y hacia el 5-6º día, al blastocisto; este contiene embrionyc stem cells (ES) o troncales, también llamadas "células madre", con las peculiaridades de ser indiferenciadas, intemporales y pluripotentes, de modo que a partir de ellas se pueden de originar líneas celulares o tejidos corporales diversos -óseo, muscular, nervioso, pancreático, cartilaginoso, etc.-, útiles para transplante sin riesgo inmunológico y tratamiento de ciertas enfermedades, con beneficios, por lo tanto, que pueden causar un vuelco total en estas terapias). Por otra parte, el anuncio de Craig Venter en junio de 2000 de haber secuenciado en el laboratorio de Celera Genomic que dirige el 99 por ciento (el 85 por ciento de manera completa) del genoma humano, hecho presentado posteriormente junto a Francis Collins y con el aval del Presidente Clinton en rueda de prensa, constituyó un suceso de excepcional relieve, si bien lo decisivo quede por llegar: la elaboración del mapa genético, y, en especial, el conocimiento de las funciones de los genes, las interacciones y las patologías que puedan causar sus deficiencias. El hito fue publicitado casi como panacea del diagnóstico y tratamiento más o menos definitivo de enfermedades, y tal vez, un día cercano, del alargamiento de la vida humana en condiciones saludables. Pero nada es tan sencillo, pues junto a los efectos positivos individuales o colectivos, el manejo impropio, egoista e insolidario de las tecnologías genéticas podría lastrar con perjuicios a la humanidad, especialmente a la población más desfavorecida, y la biosfera, daños posibles que hemos de imponernos evitar. Sin olvidar que somos como nuestros genes -influidos por el medio ambiente, especialmente el cultural- nos dirigen, si bien es cierto que estamos a punto de "dominar al gen", anular el determinismo al que se le ligaba y someter el ADN a nuestra voluntad, tanto que podríamos convertirnos en el hombre psicobioplasta capaz de manejar sus genes a capricho y transformarse somática y mentalmente hasta horizontes hoy imprevisibles, salvo para la ciencia-ficción. Además, Varsi dedica un bloque de páginas a la Bioética, término y e iniciativa intelectual originarios del oncólogo estado-unidense Van Rensselaer Potter, en su artículo de 1970 "Bioética, la ciencia de la supervivencia", y otros, que reafirmaría en 1971 en el libro "Bioética, un puente hacia el futuro". Entiendo la Bioética -etimológicamente del griego bios=vida y ethiké=moral- como "la disciplina ética que se implica de forma comprometida, social, práctica, y a ser posible anticipadamente, en todos los problemas que se derivan o pueden hacerlo de las aplicaciones de la ciencia y la tecnología sobre el bios, la vida en general, y muy especialmente sobre la vida humana, con el propósito de ayudar a impedir su uso abusivo"; en suma, "la disciplina encargada del análisis de los avances de las ciencias y las tecnologías y del establecimiento de postulados éticos aplicables para conciliar la utilización de aquellas desde el máximo respeto a la dignidad del hombre y a la conservación de la Biosfera". Así que, por definición e intención, la Bioética no puede permanecer neutral, y se fija por meta, evolutiva como las propias biociencias y sus tecnologías, la armonización de estos avances con la vida, adelantando propuestas efectivas y puntuales (la Bioética a pié de obra) que contribuyan a minimizar o superar los conflictos susceptibles de ser provocados entre la sociedad y el individuo o la naturaleza y los usos cientifico-técnicos; en suma, lo que plantearía como la deseable humanización de las ciencias. La magnitud y diversificación del espectro científico y tecnológico se reflejan hoy en la dimensión interdisciplinar de la Bioética, resultado creciente de las materias que son sus pilares -la ética, la biología, la medicina, el derecho, la filosofía, la sociología, la psicología, la enseñanza, la naturaleza, el medio ambiente, la alimentación, etc.-, al estar inmersas en los variados asuntos que aborda (el arco bioético); y explican también, que por la propia dinámica de los hechos amplíe su incidencia y campos de acción. No obstante, como instrumento de arbitraje entre la ciencia y la tecnología, por un lado, y la humanidad de las que son patrimonio, por el otro, sería ilusorio pretender que la Bioética sea en todo momento y situación capaz de equilibrar las diferencias detectadas fuera de lo jurídico, de modo que ocasionalmente la sociedad se arma de normas legales o bioleyes y busca el apoyo del derecho para resolverlas. Disciplina de valores (vida, dignidad, libertad, etc.), la Bioética no se limita a la mera reflexión sobre ellos para quedarse en un catálogo de ensayos más o menos brillantes y versados, sino que ha de traducirse ineludiblemente en conductas, consecuencia de esa reflexión informada y en defensa de aquellos valores. De ahí que deba contar con el lenguaje pertinente, acomodando los términos con precisión para facilitar la reflexión interdisciplinar, configurar el cuerpo bioético operativo y expresar atinadamente sus orientaciones; lenguaje hemos de elaborar entre todos, y que por la incesante actividad científico-tecnológica exigirá adaptaciones temporales. Ya manifesté en otros escritos y foros que el lenguaje bioético, comprensible y concreto, configurado sobre la definición de la ética y el bios, con la verdad como punto de partida, en base a lo que decimos nosotros, hoy y ahora, para problemas de hoy y de un futuro próximo, arropado por una información constante que propicie una preparación general sobre la Bioética, ha de tener un alcance global, tanto respecto de las materias concernidas como de su territorialidad (la Bioética debe ser un dispositivo civil de todas las sociedades y culturas); y, habrá de ser, primordialmente, el producto de la disección dialéctica ininterrumpida. El siglo XXI estará condicionado en buena parte por las orientaciones éticas sobre la utilización biocientífica y tecnológica, razón para que lo interprete como el Siglo de la Bioética. Las normas legales que fueren necesarias tendrán dificultades para seguir cronológicamente el ritmo de aquellos avances y usos, por lo que urge que los ciudadanos y sus representantes legitimados, los científicos, las empresas etc., y por los medios democráticos de participación, nos convoquemos a forjar una capitulación de la consciencia ética universal, un pacto de civilidad sobre la aplicación racional de la ciencia y sus tecnologías. El sendero para lograrlo no estará expedito, pero tendrá en la cultura bioética -fundamentada en la información adecuada y accesible, la deliberación y cooperación transfronterizas, y el debate público- uno de sus principales motores con que ir asentando la cultura universal de la dignidad y anulando la cultura de la violencia imperante (que la ciencia y la tecnología, como lamentablemente se verifica sin cesar, no siempre son pacíficas). Vengo demandando ese acuerdo civil, y persistiendo en que la pedagogía bioética, tanto general como especializada, deberá representar un papel crucial para conseguirlo, hasta el punto en la 93 Conferencia de la Unión Interparlamentaria (UIP) celebrada el 1.4.95 en Madrid, propuse y se adoptó en el documento final, que la Bioética sea asignatura en todos los niveles de la enseñanza; e igualmente, en la Declaración Bioética de Gijón, dada a conocer en la clausura del Congreso Mundial de Bioética celebrado en esa ciudad los días 20 a 24 de junio de 2000 y de la que fui promotor y firmante, se manifiesta que "la enseñanza de la Bioética debería incorporarse al sistema educativo y ser objeto de textos comprensibles y rigurosos". La Bioética -siempre evolutiva en razón de los conocimientos científicos y tecnológicos y los valores sociales en lógico proceso de cambio- ha de tener la difusión y el arraigo precisos del siglo XXI, que repito, a no dudarlo y en buena medida estará definido por ella. En esa dirección se marcha: la Convención o Convenio de Asturias de Bioética (1997), elaborado en el seno del Consejo de Europa, y su Protocolo contra la Clonación Humana (1998); la Declaración sobre el Genoma Humano y los Derechos Humanos de la UNESCO (1997); las normas y leyes de distintos países, y otras aportaciones recientes (la Directiva 44/98 sobre protección jurídica de las invenciones biotecnológicas de la Unión Europea, o la Declaración Bioética de Gijón) son algunas muestras al caso, cuyos principios, junto a los de documentos de otras regiones mundiales, encuentros de deliberación y contraste de criterios, publicaciones accesibles, conferencias y congresos, permitirán sembrar y afinar el espíritu bioético, hacerlo calar en las sociedades y, lo principal, traducirlo en hábito. Se ha dicho que la lectura informa, y el estudio, incorpora. Lo traigo a colación porque ambas posibilidades hallan caldo de cultivo en el recorrido del manual del Profesor Varsi por asuntos como los antes bosquejados: la individualidad biológica, la procreación asistida, el transplante de estructuras humanas, la integridad e identidad molecular, la ingeniería genética, la clonación, las normativas y documentos nacionales o internacionales, entre ellos las Leyes españolas 35/88 Sobre Técnicas de Reproducción Asistida y 42/88 Sobre donación y utilización de embriones y fetos humanos o de sus células tejidos y órganos, de cuyas Proposiciones de Ley me cupo ser redactor y ponente -en su mayoría comentados magistralmente por el Profesor Carlos Fernández Sessarego en el prólogo de la primera edición-, y, como un complemento justificado, en el escenario de la Bioética. La búsqueda y el análisis ulterior que suponen la configuración de una obra intelectual cursan con un metabolismo lento y laborioso, y han de estar guiados por exigencias ineludibles como el método, la autocrítica, la heterocrítica y la independencia si se indaga y concluye sobre cuestiones con facetas conflictivas con rotunda profesionalidad: la metodología, como acción meticulosa y veraz con que estructurar ordenadamente el proyecto; la evaluación de lo propio, en palabras del filósofo "ser objetivos hasta con lo subjetivo", en tanto que asunción inequívoca de aquello en lo que creemos, sin desleírlo con barnices engañosos, erudiciones baldías o apropiaciones furtivas; si procediera, que no es infrecuente, la disección prudente de posiciones o planteamientos ajenos -cualquiera que sea su extracción- no compartidos, coraje civil que encuentra en el argumento fundado, la tolerancia y el sosiego para explicitarlo sus mejores aliados; en fin, la libertad para manifestarnos en tono ecuánime, combatiendo el sectarismo, venciendo tanto el protagonismo atrevido que todo lo allana como el confort del entorno si este resultare opresivo o despersonalizador, y respetando el equilibrio y contraste de las fuentes de información, sin excluir o soslayar las contrarias a nuestras tesis. Con ese bagaje y disposición, la responsabilidad –jugo moral que rezuma condensado a la par de la autoestima y la defensa de la dignidad de los otros- se cierne permanentemente sobre el autor consciente de la proyección de su empresa, le exige una superación constante e incluso le desazona, pues, aunque satisfecho por el resultado conseguido, examina concienzudamente si hizo intrusión no consciente en territorios vecinos o si quedaron demasiados pensamientos y datos en el tintero o el ordenador que hubiera querido añadir y que la forzosa selección impidió plasmar en el papel impreso. Logrado ese crisol de requisitos, el autor será un interlocutor fiable con el que nunca resultará difícil razonar diferencias y buscar coincidencias sin concesiones traumáticas, andar camino con pasos seguros, construir puentes de entendimiento y brindar experiencias desprendidamente, en ultima instancia los auténticos objetivos convivenciales a perseguir. De los trabajos del Profesor Varsi -cual este que ahora ofrece como una realidad de su joven madurez con que nos sumerge en los temas desarrollados- se colige que se adentró hace tiempo en la diaspórica Bioética, que la materia entró en él y le preocupa, porfiando para que enraíce y fermente duraderamente; en suma, para que llegue a ser opinión propia, convicción firme y propósito ponderado. Dando por sentada una sólida formación que honra a la Universidad que la hizo posible, su identificación y actitud con los asuntos bioéticos -pese a las puntuales discrepancias con algunas de sus apreciaciones o referencias, que no estimo oportuno exponer aquí- confirman que el Profesor Varsi es un estudioso al que los avances vertiginosos con que nos sorprenden a diario las biociencias y sus tecnologías -con la subsiguiente transformación de la interpretación ética y jurídica a que pueden dar lugar- y su implicación en ellos, estimularán a su contribución futura con otras publicaciones de igual provecho.
Marcelo PALACIOS Gijón (España), Navidades de 2000 |